El Club de los maridos mirones y las esposas promiscuas

El Club de los maridos mirones y las esposas promiscuas
El reto entre estos grupos, generalmente, es crear escenas cada vez más originales y en ocasiones con un mayor número de participantes.

Un grupo de interés muy particular se “cocina” en Internet. Matrimonios que disfrutan exponiendo las incursiones sexuales de la esposa con varios caballeros, mientras su esposo la mira.

Las subculturas internáuticas y grupos de interés, ya todas lo sabemos, van mucho más allá que el gusto por el informarse. Decenas de foros sexuales están por la red y muchos de ellos muestran alternativos intereses sexuales. Uno de ellos es el llamado club de las esposas promiscuas y los maridos mirones. Allí podemos encontrar a una tribu del nuevo milenio con gustos bien definidos que se deleitan al subir vídeos, generalmente filmados por el propio marido, donde su mujer aparece teniendo sexo con uno o varios hombres en distintos tipos de lugares y situaciones.

¿Qué les lleva a esto?
Seguramente debe ser la adrenalina y el morbo que les deja jugar con roles alternativos a los clásicos. Ella, protagonista de su película triple X y con licencia de mostrarse teniendo sexo con quien quiera ante su marido, quien graba cada instante de sus aventuras.

Las mujeres que componen el club son casi todas maduras, muchas de ellas atractivas, pero otras no tanto. Los maridos, por su parte, nunca aparecen en estos vídeos amateur.

Asimismo, también llama la atención que en el fragor de la acción, los videos evidencian la falta de preservativos o cuidados mínimos de salud.

El reto entre estos grupos, generalmente, es crear escenas cada vez más originales y en ocasiones con un mayor número de participantes. Para ello no se escatiman esfuerzos. Llevan su pasión a todos lados, por ejemplo en sus vacaciones, donde la mujer aprovecha el clima de distensión y “caza” diversos hombres que, uno a uno, van cayendo en sus redes y filmados en la complicidad de la oscuridad por un marido en llamas.

Una experiencia similar vivió Rodrigo W. ingeniero agrónomo quien en un Pub del barrio Bellavista conoció a una mujer de unos 46 años quien muy seductora lo invitó a su casa. A él le pareció una tremenda oportunidad y no perdió tiempo.

Al llegar a casa, la mujer le pidió que no encendiera la luz, para mayor intimidad. Se sacaron la ropa y comenzaron a tener un sexo desenfrenado: pero cuál no sería su sorpresa al notar la presencia de alguien más en el gran dormitorio.

“De repente vi una luz al final que parpadeaba. Se me pasó todo, porque supe que algo turbio pasaba. De pronto veo a alguien sentado en un sillón y el parpadeo era una camarita que nos filmaba. Prendí la luz y descubrí que era el esposo y que solían hacer esa gracia. Me fui rápido de ahí, enojado, sintiéndome pésimo” explicó.

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